«¿Cómo se aprende a improvisar? La única respuesta es otra pregunta: ¿qué nos lo impide? La creación espontánea surge de lo más profundo de nuestro ser. Lo que tenemos que expresar ya está con nosotros, es nosotros, de manera que la obra de la creatividad no es cuestión de hacer venir el material sino de desbloquear los obstáculos para su flujo natural».

Esta es parte de la introducción del libro «Free play. La improvisación en la vida y el arte», de Stephen Nachmanovitch. Me lo recomendó hace varios años Mario Abbagliati, un antiguo maestro de guitarra, al verme bloqueado en las clases y reconozco que en aquel momento lo leí sin sacarle demasiado provecho. Sin embargo hoy, tras unos años más de práctica, bloqueos y desbloqueos, he acabado de releerlo y tengo la sensación de que Nachmanovith acierta en muchas cosas. Si estáis inmersos en las luces y las sombras del proceso creativo y no os molestan las continuas referencias al Zen, al Taoísmo y a otras corrientes espirituales, os lo recomiendo. No os convertiréis en perfectos improvisadores de la vida cotidiana, pero quizás os dé algunas claves para dejar que las cosas, simplemente, sucedan.

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