Hoy he salido a pasear sin rumbo, un poco en plan “El caminante” de Taniguchi, y me he topado con lo que veis en esta foto…

El propietario de un pequeño bar había aprovechado la parte trasera de la pizarra de los menús para compartir con los viandantes el recuerdo de uno de los conciertos de su vida. El mensaje podría ser un tweet (tiene 129 caracteres contando espacios), pero el tabernero ha preferido compartirlo en outernet usando un cacho de tiza y un viejo tablero. Y mira por dónde a mi, casual “follower” del barman, me ha hecho gracia y hasta lo he fotografiado.

Y lo posteo, dedicándole esta suerte de retweet, para que el recuerdo de su noche mágica también llegue a la red. Es mi manera de decirle “me gusta”.

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