Para escribir tenemos que estar conectados con los sentidos. Y la PNL nos proporciona herramientas para conseguirlo.

Siempre me ha resultado muy complicado elaborar descripciones.

Como lector nunca me han gustado mucho, por lo que en cierto modo hay en esa dificultad algo de autoafirmación.

Pero para qué negarlo: en esa rebeldía hay también un poco de miedo escénico. De todas las situaciones en las que un escritor se puede encontrar, la de la descripción es una de las más delicadas para mi. Me pide exprimir la historia o los personajes hasta un punto que, de entrada, no me interesa para nada.

Y, sobretodo, me fuerza a abandonar esa especie de confortable ombliguismo narrativo en que caemos a veces los que “escribimos para nosotros mismos”.

De mi poca predisposición y maña descriptora he acabado sacando varias conclusiones:

  • Que soy un escritor pelín perezoso.
  • Que, mire usted por donde, muchas veces lo que no nos gusta coincide con lo que más nos cuesta.
  • Que a menudo desatiendo al lector.

Y, lo más importante:

  • Que si quiero aprender a trabajar más mis textos necesito elaborar mucho más las escenas mentalmente, antes de escribirlas.

A entender y afrontar este último punto me ha ayudado la Programación Neurolingüística. Una disciplina con un nombre horrible pero que aporta enseñanzas útiles para cualquiera que se dedique a escribir.

¿De qué va eso de la PNL?

La PNL se define como el estudio de la experiencia subjetiva. Es, básicamente, una disciplina práctica que nos permite comprender mejor cómo pensamos, aprendemos, actuamos y nos comunicamos. Y que nos ayuda a obtener mejores resultados en aquellos aspectos de nuestra vida que deseemos trabajar, ya que también estudia cómo obtenemos los recursos que nos ayudan a cambiar.

La PNL se basa en tres ideas básicas:

  • Los seres humanos tomamos contacto con el mundo a través de nuestros sentidos. Y damos sentido a la información y actuamos en función de ello (esta es la parte “neuro” del término).
  • Usamos el lenguaje para ordenar nuestros pensamientos y nuestra conducta y para comunicarnos con los demás. El modo en que nos expresamos verbal y no verbalmente refleja nuestros procesos neuronales (esta es la parte lingüística).
  • Todo esto no es un automatismo intocable, no somos esclavos de nuestras inercias o programas mentales, concientes o inconscientes. Si ponemos conciencia podemos optar por maneras diferentes de organizar nuestras ideas y acciones. Y así producir diferentes resultados (esta es la parte referente a la “programación”).

¿Por qué creo que la PNL puede ser interesante para escribir?

Cualquier disciplina que arroje luz sobre los entresijos de la mente humana nos ayuda a comprender mejor a nuestros personajes y a nuestro público potencial.

En eso, creo, la PNL no es una excepción.

Además, algunas de sus técnicas nos permiten encontrar recursos en nuestro interior para vencer los habituales miedos y bloqueos creativos.

Pero si para algo creo que sirve la PNL es para tomar conciencia de lo incompleta que es nuestra experiencia sensorial el mundo. Para entender que, si como escritores queremos sacarle jugo a las historias que inventamos, necesitamos ponerles un extra de atención.

Escritura y atención plena

Todo este asunto empezó a interesarme mientras leía Madame Bovary. Flaubert, aparte de tener un bigote desmesurado, como buen realista del XIX tenía un inmenso talento para las descripciones.

Largas, bellas, ricas en todo tipo de detalles.

Leyéndolas, creo que uno llega a entender lo importante que es escribir de un modo consciente. Poniendo atención plena a ese mundo interior que estamos creando y al que pretendemos dar vida a través de la escritura.

Para hacerlo, a Flaubert no le hacía falta PNL. Él, si era necesario, escribía con el bigote.

Pero para algunos (como un servidor) eso requiere superar cierta gandulería, respirar hondo tres veces y ponerse a picar piedra. Afortunadamente, cuando le pones un poco de método al asunto, todo es más sencillo.

Y ahí es donde entra en juego la Programación Neurolingüística.

Los sistemas representacionales

La PNL se refiere a las maneras en que recibimos y codificamos la información del mundo real como sistemas representacionales. Esos sistemas son 3:

  • El visual.
  • El auditivo.
  • El cinestésico (aquí entrarían olor, tacto, olfato y “sentimientos”).

Todos tenemos tendencia a funcionar dominados por uno de esos sistemas, lo que se llama nuestro “sistema director”.

Éste suele manifestarse a través de nuestra manera de hablar.

“Yo lo veo así”…

Siento que este asunto no está funcionando”…

 “Me suena bien lo que dices”

…Son frases que acostumbramos a decir y que reflejan una manera inconsciente de percibir la realidad.

Un impulso que determina, muy mucho, nuestra manera de narrar.

Sistemas representacionales y narrativa

Los escritores y sus personajes también tienen sus sistemas preferidos.

Por ejemplo, Thomas Fowler, el personaje que narra en primera persona “El americano impasible” de Graham Greene, parece ser un tipo eminentemente visual. En sus descripciones hace continua referencia a ”lo que se ve” y a “lo que no se ve”.

Y al ser el libro de Greene una narración en primera persona, sus sentimientos también dan forma a los espacios y las situaciones. El canal cinestésico es para Fowler, pues, el segundo en importancia cuando se dirige al lector.

Flaubert, desde otro contexto literario, propone en Madame Bovary un juego más abierto.

Su técnica descriptiva y su forma de narrar mezclan con maestría todos los sistemas:

“Empezaban a bajar las sombras del crepúsculo. El sol, colándose tendido entre las ramas de los árboles, deslumbraba a Emma. En torno a ella, repartidas por doquier, en las hojas o por el suelo, unas manchas de luz temblaban como si una bandada de colibríes, al salir volando, hubieran desperdigado por allí sus plumas./Visual/Todo estaba invadido por el silencio;/Auditivo/y de los árboles parecía emanar un no sé qué, algo muy dulce. Volvía a sentir los latidos de su corazón y la sangre circulando por dentro de su carne /Cinestésico/ como si fuera un río de leche /Visual/.Oyó a lo lejos, viniendo del otro lado del bosque /Auditivo/, de las colinas de enfrente /Visual/, un grito confuso y prolongado,/Auditivo/una voz que llegaba a sus oídos arrastrándose, y la recibió en silencio, vino a mezclarse, como una música, a las últimas vibraciones de sus nervios alborotados/Este fragmento es  híbrido: parece claramente auditivo, pero narra visualmente como Emma percibe y recibe el sonido y, finalmente, añade una coletilla que mezcla lo auditivo con lo cinestésico y casi con lo visual: la voz se mezcla con ”las últimas vibraciones de sus nervios alborotados”/.

Está claro que la riqueza de un fragmento como esta tiene que ver con el estilo. El escritor realista del XIX, usando ese narrador omnisciente que todo lo abarcaba, no podía permitirse una visión menos detallada de la historia.

En otras palabras: no se trata que de Flaubert fuera un ser privilegiado con una percepción más completa que la mayoría. Lo suyo era puro oficio.

Pero ese oficio exigía una actitud de gran presencia. Que puede enseñarnos mucho a los que tenemos problemas con el detalle y, a menudo, nos olvidamos un poco del lector.

 Y tú, ¿de qué pie cojeas?

¿Te has parado a pensar si eres una persona visual, auditiva o cinestésica? ¿Y cuál es el sistema que menos atiendes?

Lo ideal es que sea otro el que te lo diga, en función de cómo te expreses. Si tienes a un «buen escuchador» delante, haz este experimento: en un ambiente relajado, descríbele con detalle un trayecto que hagas a diario.

Verás que tu sistema predominante aflorará. Y también lo hará el grado en que incorporas cada uno de los otros sistemas representacionales.

Si escribes, eso es algo que puedes descubrir releyendo una de tus descripciones. ¿Son fundamentalmente visuales? ¿Sueles introducir detalles auditivos? ¿Te concentras en sensaciones corporales?

Al poner atención en ello, es sorprendente ver como, en muchas ocasiones, uno de los sistemas es tan predominante que cuando representamos la realidad lo hacemos de una manera muy parcial.

Como si solo percibiéramos (y pudiéramos representar), una tercera parte del mundo que tenemos ante nosotros.

Pero eso no tiene porqué ser así

No. Como te decía, la PNL nos dice que no somos esclavos de nuestras inercias. Podemos modificar nuestras actitudes, y producir así diferentes resultados.

Te pongo un ejemplo.

Volviendo al experimento que te proponía antes, puedes retomar la descripción de tu trayecto cotidiano haciendo ahora lo siguiente:

  • Una vez prestando la máxima atención solo a lo que ves.
  • La siguiente vez prestando la máxima atención solo a lo que oyes.
  • La última vez prestando la máxima atención solo a los olores, a las cosas que puedes tocar y a los sentimientos que se despiertan en ti.

En serio, inténtalo. Recopila todo el material. Escríbelo.

Te sorprenderá descubrir lo rica que puede llegar a ser una experiencia cotidiana simplemente con la práctica de la atención plena.

Narrar es sentir por dentro

Escribir ficción implica, nuchas veces, rememorar experiencias sensoriales que nunca existieron.

Por eso, si te gusta escribir y tienes problemas con las descripciones, o sientes que tu desarrollo de las escenas es limitado, el primer paso es este: abrir las puertas de la percepción, aunque sea de modo forzado.

Enfocando y re-elaborando mentalmente la misma escena desde cada uno los sistemas representacionales.

Preguntándote:

¿Qúe veo / qué ven los personajes?

¿Qué oigo / qué oyen los personajes?

¿Qué siento / qué sienten los personajes?

No será Flaubert, pero ahí tendrás la descripción más completa que puedas elaborar.

Una descripción que, desde riqueza sensorial, quizás pueda conectar con muchos más lectores.

(Foto por Fabrizio Verrecchia en Unsplash)

 

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