Explica Mckee en El Guión:

«En 388 a.C., Platón animó a los padres de la ciudad de Atenas a que exiliaran a todos los poetas y cuentacuentos. Defendía que eran una amenaza para la sociedad. Los escritores trabajan con ideas, pero no de la manera abierta y racional de los filósofos. En su lugar ocultan sus ideas dentro de las seductoras emociones del arte. Sin embargo, las ideas sentidas, señalaba Platón, son ideas también. Cada historia eficaz nos envía una idea cargada, y consigue que la idea penetre en nosotros de tal forma que debamos creerla. En realidad, el poder persuasivo de la narración es tan grande que podríamos llegar a creer su significado incluso aunque fuera moralmente repulsiva. Platón insistía en que los narradores eran personas peligrosas. Tenía razón».

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