Según algunos expertos, la literatura (cuando es buena) puede ayudarnos a comprender mejor a los demás.

 Decía el psiquiatra norteamericano Morgan Scott Peck que no se puede entender bien a otra persona y «hacer otra cosa al mismo tiempo».

Me parece una frase acertada. La empatía es algo demasiado serio como para practicarla mientras te limas las uñas.

Nos pide callarle la boca al ego. Estar totalmente presentes en la situación emocional de otro.

Y eso es algo para lo que, a veces, no estamos bien preparados. Aunque, afortunadamente, la empatía puede entrenarse.

La meditación nos ayuda vivir con más presencia.

La práctica de la escucha activa nos permite apartar a nuestra vocecita interior de la conversación. Nos acerca al otro de un modo más auténtico.

Y ahora sabemos que disfrutar de la buena literatura de ficción puede hacernos desarrollar una capacidad fundamental para la empatía: la de ver el mundo a través de los ojos del otro.

Ficción literaria y teoría de la mente

En 2013, David Comer Kidd y Emanuele Castano, psicólogos de la New School for Social Research de Nueva York, publicaron un estudio que demostró que cuando leemos obras de ficción, desarrollamos nuestros procesos de teoría de la mente, una habilidad humana muy ligada a nuestro nivel de empatía .

¿Qué es la teoría de la mente?

El concepto de teoría de la mente fue popularizado por el antropólogo y psicólogo Gregory Bateson.

Se usa en psicología y en otras ciencias humanas para hablar de nuestra capacidad de entender que las percepciones, ideas, pensamientos y deseos de los demás pueden ser (y suelen ser) distintos a los nuestros.

A partir de los 4 años de edad, todos usamos constantemente de forma intuitiva nuestra teoría de la mente para comprender y predecir los procesos mentales de los demás. Y lo hacemos a dos niveles:

  • El afectivo: intentando detectar y entender las emociones de otros.
  • El cognitivo: intentando detectar y entender las creencias e intenciones ajenas.

Podríamos decir que:

  • Del nivel de desarrollo de nuestra teoría de la mente (sobretodo en su vertiente afectiva) dependerá nuestro comportamiento empático.
  • El déficit importante de esta habilidad está relacionado con trastornos de personalidad como el narcisismo y con patologías caracterizadas por las dificultades interpersonales, como el autismo.
  • A «nivel macro», la teoría de la mente es vital para que el complejo entramado de relaciones sociales en el que nos movemos a diario funcione.

¿Cuál es su relación con el hábito lector?

La clave está en los personajes

David Comer Kidd y Emmanuele Castano llevaron a cabo varios experimentos con personas a las que se expuso a diferentes tipos de textos. Por un lado ficción literaria de calidad (obras reconocidas por la crítica y que incluyen retratos profundos de personajes). Por el otro ficción «popular» o de menor calidad. Y, por último, no ficción. También se incluyó en el estudio una muestra de individuos que no habían estado expuestos a ningún tipo de lectura.

A todos ellos se les realizó un test de teoría de la mente, tanto afectivo como cognitivo, tras el periodo dedicado a la lectura (o no lectura).

¿El resultado?

Aquellos que habían estado expuestos a la ficción literaria de calidad conseguían mejores puntuaciones en el test.

¿Por qué podría darse esto? Pues en sus conclusiones, los autores explican que:

  • La lectura de ficción literaria afecta a los procesos de teoría de la mente porque nos fuerza a meternos en la psicología de los personajes. Con nuestro punto de vista, contribuimos a la construcción de los personajes y al significado general de la obra.
  • La ficción literaria desencadena de manera única los procesos necesarios para acceder a las experiencias subjetivas de los personajes. Estos procesos replican los de nuestra teoría de la mente en la vida real. Es el caso de la presuposición, por ejemplo. La ficción literaria es un universo de significados implícitos que constantemente estamos desentrañando. Y también de la capacidad de interpretar la realidad desde el filtro de la conciencia y la perspectiva de diversos personajes a la vez.
  • La ficción es un entorno seguro en el que sentimos que no corremos ningún riesgo al comprometernos con las experiencias de los demás (los personajes). Y, por ello, tendemos a maximizar nuestra capacidad empática.
  • La ficción literaria nos ofrece la oportunidad de conectar con personajes no estereotipados, rompedores, y muy distintos a los que encontramos en nuestra vida. Esto nos obliga a recurrir a fuentes interpretativas más flexibles para inferir los sentimientos y pensamientos de los personajes. Y eso hace que nuestro espectro empático se abra.
  • La «ficción popular», o de menor calidad, tiende a presentar personajes más predecibles y estereotipados. Éstos solo tienen como función reafirmar las creencias de los lectores y no promueven el desarrollo de nuestra teoría de la mente.

¿Puedo potenciar la empatía leyendo?

Que ficción literaria y teoría de la mente estén relacionados no significa que la lectura sea imprescindible para desarrollar empatía. Desde la infancia, contamos con muchos otros mecanismos para aprender a ponernos en los zapatos del otro. Tambien con múltiples condicionantes culturales.

Pero leyendo las conclusiones de este estudio, no puedo evitar hacerme preguntas, que creo son interesantes para cualquier lector que esté reflexionando sobre su nivel de empatía:

  • ¿Disfrutas los libros que piden de ti una participación que va más allá del simple «entender la trama»?
  • ¿Has pensado si los libros que lees muestran siempre universos parecidos? ¿O personajes similares, cortados por un determinado patrón?
  • ¿Crees que los libros que lees tienden a presentar personajes o historias que confirman tus creencias personales? Por contra, ¿Buscas aquellos que te ofrecen perspectivas diversas y originales sobre el mundo?
  • ¿Tiendes a escoger los libros en función del sexo del autor? ¿Primas literatura femenina o masculina?
  • ¿Sueles leer a autores de nacionalidades y culturas distintas?

Estudios como éste nos hacen pensar que ciertas actitudes hacia las historias y los personajes pueden ser reflejo de ciertas actitudes hacia los demás en el mundo real.

Y que, haciéndonos preguntas como las anteriores, quizás podamos romper algunos patrones limitadores, y darle un pequeño empujoncito a nuestro potencial empático.

(Fotografía de Ben White en Unsplash)

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